Estudio Comparativo para la estimación del riesgo cardiovascular, mediante la aplicación del Test Fra- mingham 2008 y PCR ultrasensible en un grupo de pacientes del hospital de atención integral del adulto mayor Quito
Comparative study for the
estimation of cardiovascular risk, through the application of the Framingham 2008 Test and ultrasensitive PCR in a
group of patients from the Quito comprehensive care hospital for the elderly.
Alex León-Tito.1 Pamela
Vizcarra-Cueva.2 ![]()
1Instituto Tecnológico Superior Quito Metropolitano. Carán N3-195 y Calle B (Nueva Tola 2) Quito, Ecuador., aleon@itsqmet.edu.ec
2Universidad Central del Ecuador, Av. Universitaria, Quito 170129. pvvizcarra@uce.edu.ec
En este trabajo, se pretende determinar si el método para la estima- ción del riesgo cardiovascular es el más aplicable para los pacientes de atención integral del adulto mayor. Se realizó una evaluación de pruebas diagnósticas, en el que participaron 98 adultos mayores que acuden al servicio de hospital del día, en el hospital de atención in-
ÉLITE 2019, VOL. (1). NÚM. (1)
ISSN: 2600-5875
Recibido: 28/11/2018 Revisado:01/01/2018 Aceptado: 12/03/2019 Publicado: 09/04/2019
tegral del adulto mayor Quito. Se midió las concentraciones de PCR mediante ensayo ultrasensible, se aplicó el Score Framingham 2008 a cada paciente, y se rastreó para factores de riesgo cardiovasculares propios del adulto mayor. De los 98 pacientes participantes del estu- dio, el 63,3% correspondió al sexo femenino y 36,75% al mascu- lino. El promedio de edad fue de 7,01 +- 7,46 años. Los valores de PCR arrojaron una moda de 1,54 mg/dL con una desviación stan- dard de 0,62. Además el 53,1% de los pacientes se encasilló como riesgo cardiovascular bajo, 39,8% como intermedio, y 7,1% como alto, según la estratificación basada en valores de PCR. Según el Score Framingham 2008 el 25,5% de la población presentó riesgo cardiovascular bajo; 43,9% moderado; 19,4% alto; y 11,2% muy alto. Así también la relación entre estas dos variables mostró p = 0,103. El PCR no mostró fiabilidad como un biomarcador para es- tratificación del riesgo cardiovascular en la población que acude al hospital de atención integral del adulto mayor.
Palabras Clave: Proteína C reactiva, riesgo cardiovascular en adul- tos mayores
ABSTRACT:To determine which method for estimating car- diovascular risk, is the most applicable to pa- tients in the hospital comprehensive care of the elderly. An evaluation of diagnostic tests, which involved 98 older adults presenting to the hospi- tal the day in the hospital comprehensive care of the elderly was conducted Quito. CRP was measured by ultrasensitive assay, the Fra- mingham Score 2008 was applied to each pa- tient, and screened for cardiovascular risk fac- tors inherent in the elderly. Of the 98 patients in the study participants, 63.3% were female and 36.75% male. The average age was 7.01 + - 7.46 years. CRP showed a trendy 1.54 mg / dL with a standard deviation of 0.62. In addition 53.1% of patients were typecast as low cardiovascular risk, 39.8% as intermediate, and 7.1% as high, according to the stratification based on CRP. According to the Framingham Score 2008 25.5% of the population presented low cardio- vascular risk; 43.9% moderate; 19.4% higher; and 11.2% high. Well the relationship between these two variables showed p = 0.103. PCR showed no reliability as a biomarker for cardio- vascular risk stratification in the population that goes to the hospital for comprehensive care of the elderly.
Keywords: C-reactive protein, cardiovascular risk in elderly.
En el Ecuador existen 14’483.499 habitantes. De ellos, 940.905 son mayores de 65 años, es decir el 6,5 % de la población nacional son per- sonas adultas mayores, y para el periodo de tiempo comprendido entre 2010-2015 la CE- PAL ha estimado que la esperanza de vida al nacer en el Ecuador llega a los 75,6 años de edad: 72,7 para los hombres y 78,7 años para las mujeres 4.
Dentro de la profundidad del concepto que en- globan las enfermedades crónico-degenerativas, existen determinantes que pueden modificar la historia natural de las mismas, así pues; la obe- sidad y el sobrepeso, son condiciones que han sido reconocidas a lo largo del tiempo, y por múltiples investigaciones, como factores de riesgo modificables para la aparición de este tipo de entidades 13. Estos dos elementos pu- dieron ser cuantificados dentro de la encuesta SABE I, y los resultados obtenidos marcaron que el 58.9% de adultos mayores a nivel país, sufren de sobrepeso o de obesidad. Esta agrupa- ción de hechos conforma la importancia y la pertinencia, del estudio y dilucidación de las patologías crónico- degenerativas, dentro de la atención médica al adulto mayor en el Ecuador.
El tiempo modifica una gran cantidad de proce- sos biológicos en el cuerpo de las personas, además el envejecimiento se caracteriza por una serie de cambios progresivos y predecibles que están asociados, con una mayor susceptibilidad por parte del cuerpo humano envejecido, hacia una gran cantidad de potenciales noxas intrínse- cas o extrínsecas al hombre.
El envejecimiento no es un proceso homogé- neo, y más bien, los órganos de la misma edad pertenecientes a una misma persona envejecen a diferentes ritmos; influenciados por múlti- ples factores, incluyendo la genética, el estilo de vida, y la exposición ambiental.
A nivel de cambios estructurales, se presenta una reducción importante de las células del miocardio, y se calcula que aproximadamente entre los 17 y los 90 años hay una pérdida aproximada del 35% de las mismas, más, acompañando a esta reducción, se establece el infranqueable aumento en el tamaño de las restantes 22.
También se debe comentar, que se ha docu- mentado aumento del peso nato del corazón, y cambios a nivel de la aorta ascendente que desencadenarían a la final; en un estrecha- miento de la salida del ventrículo izquierdo.
Además, también se debe enfatizar, que el proceso de envejecimiento; conlleva una rigi- dez y engrosamiento de diferentes aparatos valvulares; el primero, el mitral, que se ve más acentuado en el sexo femenino, aproxi- madamente en la mitad de las mujeres adultas mayores, mientras que el sexo masculino pre- senta este cambio en alrededor de un tercio de su población. También, a nivel de la válvula aórtica, se generan los mismos cambios men- cionados. Estos dos hechos, responderían a la aparición de soplos de baja intensidad que pueden aparecer en la población adulta mayor, mismos que no conllevarían ningún tipo de repercusión ni a nivel clínico ni a nivel hemo- dinámico 23.
A nivel de los cambios funcionales, es impor- tante reconocer que ni los diámetros de fin de diástole, ni los de sístole del ventrículo iz- quierdo sufren alteración, además se mantiene constante; la frecuencia cardiaca, así como también el volumen latido, y también, los va- lores de fracción de eyección no han registra- do cambios sustanciales. Todo lo expuesto conlleva a generar la idea de que, en estado de reposo, la función sistólica de las personas adultas mayores no es fruto de considerable cambio.
Sin embargo, al saber que tanto sístole como diástole, van de la mano, al tomar el funciona- miento cardiaco como un todo, se debe deno- tar que si bien, y como ya se mencionó, la sís- tole no sufre mayores cambios, más la segun- da en mención, si es víctima de algunas altera- ciones que acompañan el proceso de envejeci- miento, puesto que; si se recuerda la fisiología de la diástole, esta consta de tres fases, la pri- mera el llenado ventricular rápido, que junto con la segunda etapa aportan con aproximada- mente el 80% del total del llenado ventricular, dejando a la última fase, correspondiente a la contracción auricular en sí misma, aportar con el 20% restante 24, cifra que cambia en el adulto mayor, permitiendo que la última fase de la diástole, aporte con el 35% del llenado ventricular 25. Hechos que se ven reafirmados por las documentaciones en cuanto a, la re- ducción del 50% de la velocidad de la fase temprana de llenado ventricular, y un incre- mento en la etapa de llenado ventricular tar- dío; entre los treinta y los ochenta años.
La regulación metabólica, es un aspecto de vital importancia en cuanto a los temas, adherentes a los posibles problemas asociados al riesgo car- diovascular, objeto del tema en estudio. Duran- te el proceso de envejecimiento, se llevan a ca- bo algunos cambios principalmente en el ámbi- to de la glucosa y de la insulina. Los adultos mayores presentan una menor sensibilidad a la insulina que los adultos jóvenes, hecho que se demuestra por los niveles de hiperinsulinemia demostrados en un porcentaje de esta pobla- ción, una pequeña disminución en la tolerancia a la glucosa, y una reducción del 50 por ciento en la sensibilidad a la insulina 37. Estos cam- bios persisten concordantes, incluso cuando los datos están corregidos en función de la masa grasa y la actividad física, dos factores determi- nantes en la utilización de glucosa. Además, la mencionada resistencia a la insulina está, al me- nos parcialmente ligada, con una aparente dis- minución en los niveles musculares de la proteí- na transportadora de glucosa, GLUT 4.
Sin embargo, no todos los adultos mayorespre- sentan hiperinsulinemia, algunos más bien en contradicción con este hecho, presentan lentas y bajas respuestas insulínicas ante la ingesta oral de glucosa 38. De esta manera, si se pone en contextola discusión, la disminución en el acla- ramiento de la glucosa con la edad se debe prin- cipalmente a una disminución en la capacidad de respuesta del tejido a la insulina, y en menor grado a un ligero deterioro en la secreción de insulina. Estos cambios son similares a las que normalmente preceden al desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 en la mediana edad.
En cuanto a la leptina, una hormona producida por el tejido adiposo en proporción directa a la masa grasa corporal, encargada de suprimir el apetito en respuesta a la alimentación, a través de una acción hipotalámica. Sus concentraciones en suero tien- den a disminuir con el aumento de la edad 39. Aunque otros autores sugieren que esto es así sólo en las mujeres 40. La modesta caída en los niveles de leptina en el suero con paso del tiempo puede contribuir al aumento de la adiposidad en las per- sonas mayores, ocasionada por una inhibición de la disminución del apetito, evidenciada tras la caí- da de la molécula mencionada.
Por otro lado, la adiponectina, hormona proteica, secretada por los adipocitos, que reduce la resis- tencia a la insulina, se asocia con un menor riesgo ateroesclerótico, y posee propiedades antinflama- torias, ha demostrado mayores niveles séricos de esta, se asocian a una disminución en cuanto a la prevalencia de diabetes mellitus tipo 2 en la pobla- ción adulta mayor. Kanaya y colaboradores, mos- traron un estudio de 58 mujeres y 67 hombres de 20 a 93 años, analizado por grupos de edad (<50, 50 a 70 y> 70 años), las concentraciones de adipo- nectina en plasma no cambiaron significativamen- te con la edad en las mujeres, pero eran más altas en los hombres más de 70 años en comparación con los hombres más jóvenes. Estos niveles, más altos de adiponectina observados en los hombres mayores podrían reflejar un cambio longitudinal de envejecimiento o simplemente una mayor su- pervivencia de los hombres con una mayor canti- dad de esta sustancia 41.
En el organismo del ser humano, existe un adecua- do equilibrio entre los agentes pros inflamatorios y antiinflamatorios.
Si en etapas tempranas de la vida esta balanza se inclina hacia un estado proinflamatorio, és- te puede brindar una alta resistencia contra enfermedades infecciosas, y así asegurar la supervivencia del organismo. Aunque en eta- pas tardías de la vida esta respuesta condicio- naría un estado inflamatorio crónico con el daño orgánico consecuente, mismo que se en- cuentra asociado con la aparición de enferme- dad y discapacidad, por este motivo a inicios del nuevo milenio, Claudio Franceschi y cola- boradores; introdujeron el término inflamma- ging, mismo que se refiere al estado inflama- torio característico y propio del envejecimien- to, que se asocia con la exposición a antíge- nos, tanto endógenos como exógenos, y al marcado estrés metabólico 42.
Estas exposiciones aumentan la demanda fun- cional del sistema inmunológico innato, lo cual genera una nueva caracterización infla- matoria caracterizada por el aumento de los niveles séricos de interleucinas 6, 8 y 15, ade- más del factor de necrosis tumoral alfa. Este estado de inflamación se define por manejar los siguientes conceptos: crónico, de bajo gra- do, controlado y asintomático. No obstante, su presencia favorece el daño a nivel molecular, celular, orgánico y sistémico, además se ad- hiere el hecho, que produce una disminución en la capacidad de respuesta ante nuevos antí- genos.
El sistema inmunológico, que básicamente puede ser dividido tanto en innato como en adaptativo, es una organización de células y mediadores químicos especializados en defen- der al organismo contra las infecciones.
La inmunidad innata está compuesta por célu- las fagocíticas (macrófagos, monocitos y neu- trófilos), células natural killer (NK), así como por células que producen mediadores inflama- torios (basófilos, mastocitos y eosinófilos). Además, dentro de este tipo de inmunidad también participan el sistema de complemento y citosinas. Por otra parte, el sistema adaptati- vo está conformado por la respuesta humoral, misma que está mediada por las células B pro- ductoras de inmunoglobulinas, así como por la respuesta celular mediada por las células T citotóxicas y T auxiliadoras 43.
Estas últimas células T auxiliadoras CD4 se dividen en dos tipos:
Th1: Secretan IL-2 e interferón (INF) gamma, que promueven la activación de linfocitos, células naturales killers y macrófagos, e inhi- ben al segundo tipo de linfocitos T CD4.
Th2: Secretan IL-4, IL-5, IL-6 e IL-10 mis- mas que favorecen la respuesta humoral ade- más de activar los componentes de la respues- ta innata.
El envejecimiento del sistema inmunológico, también denominado inmunosenescencia, se caracteriza por un aumento de la actividad, en distinta intensidad, de los sistemas adaptativo e innato. Esta activación está asociada, en par- te, a la exposición crónica de los adultos ma- yores a antígenos tales como los derivados de tumores, auto antígenos, virus latentes como el citomegalovirus o virus Epstein-Barr, y su- perantígenos como los generados durante la infección por Influenza tipo A 44.
Con el avance de la edad, los linfocitos T su- fren alteraciones en su capacidad de prolifera- ción asociadas con el agotamiento de células vírgenes, en parte por la involución del timo, y en parte también, con el aumento de las cé- lulas de memoria y células efectoras. A su vez, estas células sufren también un aumento en el estrés oxidativo y acumulo de proteínas disfuncionales asociados a alteraciones en los proteosomas, generando una disminución en la producción de IL-2 y de sus receptores de membrana.
En el perfil de la inflamación crónica, propia de la población anciana, predomina la res- puesta Th2 de los linfocitos T sobre la Th1; acto que genera un aumento en la actividad de las células B. Los macrófagos, además, son considerados una de las principales víctimas del estrés oxidativo y de la exposición antigé- nica; puesto que la activación de estas células es la responsable del proceso inflamatorio cró- nico que se presenta en el envejecimiento 45.
El estudio prevalencia de factores de riesgo cardiovasculares en población anciana, publi- cado por Sánchez Seco y Delgado en pobla- ción mexicana; muestra que la hipertensión arterial era más acentuada en el grupo etario de 80-84 años.
El 23,3% de la población estudiada padecía de hipertrigliceridemia, el 22,1% tenían elevado el colesterol LDL, el 14,4% hiperglucemia, además el 68,1% eran obesos (el 65,4% obesi- dad moderada y el 34,6% grave), el 8,5% fu- maban (91% varones; p < 0,001), el 21,4% tomaban alcohol (el 87,2% de manera mode- rada, el 9,9% eran bebedores de riesgo y el
2,8% lo hacía de manera perjudicial el 57,3% no hacía ejercicio. El 24,6% de la población estudiada tenía tres o más factores de riesgo. El colesterol LDL, la obesidad y la ingesta de alcohol se asociaban a padecer cardiopatía isquémica 61.
La hipertensión arterial es el factor de riesgo cardiovascular más prevalente en el anciano.
En el entorno europeo, el estudio STEPHY6 cifra la prevalencia de esta patología en mayo- res de 65 años en un 53%, aumentando ésta con la edad. El estudio NHANES III señala que esta prevalencia en ancianos es superior al 50% 62. En la siguiente tabla se aprecian los factores de riesgo cardiovasculares más preva- lentes en la población adulta mayor.
La fragilidad es un síndrome fisiológico que se caracteriza por la disminución de las reser- vas y reducción de la resistencia a los estreso- res como resultado de la declinación acumula- tiva de múltiples sistemas fisiológicos que in- crementan la vulnerabilidad para resultados adversos de salud, Para Fried y colaboradores, la fragilidad es un “síndrome biológico” que resulta de la disminución de la homeostasis y de la resistencia frente al estrés, y que además incrementa la vulnerabilidad, la discapacidad y favorece la muerte prematura 63.
Para este grupo, la fragilidad existe si tres o más de los siguientes criterios están presentes:
1. Pérdida de peso involuntaria de al menos 5 kg durante el año precedente.
2. Autorreporte de agotamiento.
3. Disminución de la fuerza mus-
cular (evaluado con dinamómetro).
4. Actividad física reducida.
5. Velocidad lenta para la marcha (metros por segundo).
Durante los últimos años se ha descrito una asociación importante entre diabetes mellitus, insuficiencia cardiaca e isquemia cardiaca con fragilidad, y sobre todo con la disminución en la velocidad de la marcha, hecho por el cual este último elemento ha sido fruto de discu- sión; como un factor de riesgo cardiovascular propio del adulto mayor 64.
La utilización del índice de masa corporal, como una medición de clasificación del estado nutricional puede ser útil en estudios pobla- cionales, aunque poco útil en relación con la distribución de la grasa corporal. Así, las me- diciones como la relación cintura cadera y la circunferencia de la cintura, pueden dar infor- mación adicional en cuanto a la naturaleza de la obesidad.
El índice cintura-cadera es una medida antro- pométrica específica para medir los niveles de grasa intraabdominal. Matemáticamente es una relación para dividir el perímetro de la cintura entre el de la cadera. La OMS estable- ce unos niveles normales para la índice cintu- ra cadera aproximados de 0,8 en mujeres y 1 en hombres; valores superiores indicarían obesidad abdominovisceral, lo cual se asocia a un riesgo cardiovascular elevado. Velásquez- Meléndez et al25 al evaluar la capacidad pre- dictiva de la circunferencia de la cintura, en 79 mujeres, observaron que, en este paráme- tro, 80 cm correspondió a un 89,8% de muje- res con un índice de masa corporal mayor a 25 kg/m2.
La circunferencia de la cintura de 88 cm a un 88,5% de mujeres con índice de masa corporal
30 kg/m2 o mayor. Estos autores revelaron que la obesidad abdominal, definida por la una circunferencia de cintura de 88 cm, estuvo asociada significativamente con la hiperten- sión arterial 65.
En el estudio de Pereira et al26, con 3.282 in- dividuos adultos, realizado en el municipio del Río de Janeiro, se observó que, comparada con otros indicadores de deposición de grasa, la relación cintura cadera presentó menor co- rrelación con el índice de masa corporal; y mayor capacidad predictiva de hipertensión, permitiendo mayor discriminación de indivi- duos en riesgo de enfermedades crónicas.
En algunos otros análisis bivariados los indi- cadores antropométricos índice de masa cor- poral y la relación cintura cadera; se asociaron a factores de riesgo para enfermedades cardio- vasculares; LDL colesterol y colesterol total en el sexo masculino y triglicéridos y HDL- colesterol en el sexo femenino. En el análisis conjunto entre la relación cintura cadera y los indicadores HDL-colesterol se verificó que la adiposidad visceral se puede considerar como predictor de riesgo para enfermedades cardio- vasculares.
El estudio realizado contó con la participación de 98 individuos, dentro de las variables de- mográficas, el 63.3% de la población encues- tada correspondió al sexo femenino, y el 36.7% correspondió al sexo masculino; siendo
78.01 años la media de la edad con una des- viación standard de 7.46 años. En cuanto al índice cintura cadera (ICC), el 29.6% de la población presentó un ICC normal, mientras que el 70.4% fue alto. Además, el perímetro de pantorrilla reportó a un 19.4% de los indi- viduos como <31 cm, y a un 80.6% como >31 cm. La variable velocidad de la marcha mos- tró que el 76.5% de la población encuestada se encontró dentro del rango normal o > 1m/s, mientras que 23.5% registró una velocidad de marcha < 1m/s, o disminuida.
Dentro de las variables clínicas; del total de la población encuestada el 60.2% tuvo diagnósti- co de hipertensión arterial, mientras que el 39.8% no presentó esta patología. En cuanto a la Diabetes Mellitus tipo II, el 22.4% si pre- sentó esta entidad; y el 77.6% no la presentó. A nivel de resultados de laboratorio, el prime- ro a tomarse en cuenta fue el colesterol total, que reportó a un 43.9% de la población dentro de los rangos normales, y a un 46.9% como alto; además el LDL colesterol se ubicó en un 76.5% como normal, mientras que el 23.5% de este rubro fue alto.
El colesterol HDL fue normal en el 59.2% de la población, bajo en el 32.7%, y alto en el 8.2%.
Los valores de PCR, mostraron los siguientes valores: el 53.1% de la población encuestada mostró un riesgo cardiovascular bajo, el 39.8% un riesgo cardiovascular medio, y el 7.1% fue reportado como alto.
Además, esta variable mostró una moda de
1.54 mg/dL con una desviación standard de 0.629 mg/dL.
La variable riesgo cardiovascular, cuyos resul- tados se basan en el resultado del Score Fra- mingham 2008 modificado, presentó los si- guientes datos: el 25.5% de la población en- cuestada tuvo un riesgo cardiovascular ligero, el 43.9% moderado, el 19.4% alto, y el 11.2% muy alto.
La principal correlación del Score Fra- mingham 2008 fue la realizada con la variable PCR, mismas que al ser comparadas, mues- tran un chi cuadrado de P = 0.103. Al analizar las variables Score Framingham y velocidad de marcha se obtuvo un chi cuadrado de P = 0.000, demostrándose la relación entre estas dos variables, además el valor de la correla- ción de Spearman es de 0.598.
El primer aspecto para tomar en cuenta; es que el presente proyecto fue realizado en pa- cientes que acuden a la consulta del servicio hospital del día; en el Hospital de atención integral del adulto mayor. Los pacientes perte- necientes a esta área acuden como comple- mento a su participación en los talleres de caí- das, memoria, y funcional.
La población estudiada constó de 98 partici- pantes de los cuales el 63.3% pertenecieron al género femenino, y el 36.7% al género mascu- lino, además, el 85.7% correspondió al grupo étnico mestizo, el 6.1% al indígena, y el 8.2% al blanco, el estado civil reportó que el 66.3% de la población eran casados, el 31.6% viudos, y el 2% solteros.
En el estudio de Sánchez Seco y colaborado- res 61, el 55.1% de la población fueron muje- res, y el 44.9% fueron hombres; la hiperten- sión arterial tuvo una prevalencia de 53.5%, el 23.3% eran hipercolesterolémicos, el 14.4% presentaron hiperglucemia, el 68.1% eran obesos, el 8.5% fumaban, el 21.4% tomaban alcohol, el 57.3% no hacía ejercicio.
Estas cifras son similares al 60.2% de nuestros pacientes; quienes presentaban hipertensión arterial, entidad que se convirtió en el factor de riesgo más prevalente del estudio. En cuan- to a la hipercolesterolemia nuestros resultados arrojaron un valor de 51.7%, y en la hipergli- cemia se obtuvo un valor de 11.2%, el índice de masa corporal mostró un sobrepeso en el 50% de la población estudiada y obesidad en el 21.4%, en el tabaquismo no se reportó una cifra de fumadores activos, pero quienes lo hacían antes tuvo un valor de 22.4%, además se reportó un 65.3% de la población como inactivas físicamente.
Comparando los valores de nuestra investiga- ción con los del Estudio de Sánchez Seco y colaboradores 61, las prevalencias de los fac- tores de riesgo en el adulto mayor fueron si- milares salvo en valores de colesterol total cuya diferencia es de 28.4%. Cabe mencionar
que las poblaciones tienen características demo- gráficas y sociales diferentes.
Además, en concordancia con el mencionado estudio, y con la investigación de Suárez y Sáez sobre tensión arterial en el adulto mayor 86; la hipertensión arterial se mostró como la variable más prevalente entre los factores de riesgo car- diovasculares.
La índice cintura cadera fue alto en el 70.4% de nuestra población, equivalente al 68.5% de la población en el estudio de Velásquez y Melén- dez 65, mostrando de esta manera la alta preva- lencia de este indicador como un factor de ries- go cardiovascular.
En el estudio de Flores y colaboradores 87, se observó que 31.2% de los individuos tenían concentraciones de PCR >3 mg/l, vinculado con riesgo cardiovascular alto. Asimismo, 31.7% tuvo concentraciones de PCR entre 1 y 3 mg/l, lo cual los ubicó en un riesgo cardiovascular intermedio. Nuestro estudio reportó un 39.8% de la población dentro del riesgo cardiovascular medio, pero un 7.1% de la población estuvo dentro del riesgo cardiovascular alto.
A nivel de riesgo intermedio los valores son equiparables, más en el riesgo alto se apreció una clara diferencia de prevalencias. No se ob- tuvo una correlación estadísticamente significa- tiva entre la valoración del riesgo cardiovascu- lar establecida por el Score Framingham 2008, y el PCR; hecho que podría obedecer a diferen- tes factores, principalmente a los asociados con los cambios inflamatorios concomitantes a la edad, que modifican la expresión de los diferen- tes
marcadores biológicos de inflamación, ade- más otro problema que surgió fue que al com- parar el riesgo cardiovascular dado por ambas variables, el score Framingham reportaba un riesgo bajo, el PCR reportó riesgo muy alto, hecho que remarca la poca fiabilidad del PCR como un biomarcador de riesgo cardiovascu- lar en los adultos mayores.
La velocidad de marcha mostró una correla- ción de dependencia con el Score Fra- mingham, así la disminución en la velocidad de marcha incrementa el riesgo cardiovascular establecido por este score, hecho reforzado por el estudio de Romero y Cabrera 88, quie- nes reportan que el diagnóstico de fragilidad, otorgado por una disminución en la velocidad de marcha, se relacionó con enfermedad renal crónica en un 20.9% de los pacientes, además; comprobó una estrecha relación entre la Dia- betes Mellitus 2 e insulino resistencia con una disminución en la velocidad de la marcha. Es- tos factores están presentes dentro del Score Framingham 2008 en el cálculo de riesgo car- diovascular.
En cuanto a la propia descripción de fragili- dad, en el estudio de Freid y colaboradores 63, se define a la disminución de la velocidad de marcha como un criterio del fenotipo del adul- to mayor frágil, complementándose estos con pérdida de peso, debilidad muscular, disminu- ción en la actividad física, y el auto reporte de fatiga. A partir de estos conceptos el riesgo cardiovascular incrementado se ve íntimamen- te ligado con la fragilidad puesto que de los cinco criterios utilizados para le descripción de fragilidad, dos tienen asociación con un
aumento del riesgo cardiovascular otorgado por el Score Framingham 2008 en nuestro es- tudio.
La funcionalidad de la población estudiada, establecida por el test de Barthel, reportó un 52% de pacientes como independientes, un 16.3% como dependencia leve, un 22.4% co- mo dependencia moderada, un 5.1% como dependencia severa, y un 4.1% como depen- dencia total, diferente a los datos obtenidos por estudio en adultos mayores Mexicanos de Berrantes y colaboradores 89, quienes presen- taron un 76% de pacientes independientes, y un 24% de dependientes totales, pero que tam- poco pudieron encontraron correlación entre dependencia funcional e hipertensión
arterial, al igual que en nuestro estudio, sin embargo; en el estudio mencionado la Diabe- tes Mellitus tipo 2, si se asoció a dependencia moderada y severa, hecho que no pudo ser establecido en nuestro estudio, impidiendo de esta manera una clara asociación entre la fun- cionalidad y el riesgo cardiovascular.
El deterioro cognitivo también mostró correla- ción con el Score Framingham, coincidiendo con los resultados del estudio realizado por Mejía y colaboradores 90, en adultos mayores Mexicanos, quienes también reportaron aso- ciación entre deterioro cognitivo y presencia de enfermedad cardiaca además de Diabetes Mellitus tipo 2, marcando una clara dependen- cia entre incremento en el riesgo cardiovascu- lar, y el deterioro cognitivo en pacientes adul- tos mayores. Reforzando los resultados de nuestro estudio en cuanto a la correspondencia de estas dos variables. Además, en el estudio
de Delgado – Vásquez y colaboradores 91, realiza- do en una población Chilena mayor de 60 años, es- tableció una relación entre pacientes con cardiopa- tía isquémica e hipertensión arterial, con un deterio- ro cognitivo moderado y grave.
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